En su prólogo a esta edición, Nieva justifica los elogios a un autor que ha sabido desarrollar la relación entre la tragedia clásica y el terrorismo contemporáneo: "Víllora caracteriza extremadamente y de forma muy eficaz el tipo de Electra, como resistente muy de nuestro tiempo, con alusiones concretas a un mundo cuyo conflicto político lo tenemos muy a la vista y lo sufrimos, de rechazo. Alude a sufrimientos, humillaciones y torturas, disimulados por el miedo; alude a una juventud manipulada y alentada a la destrucción y a tantas cosas más, cuyos ecos difunden sin cesar los medios de comunicación. Y, si así lo hace muy valientemente, también es justo reseñar que lo hace con muy buen estilo".
El volumen se completa con otro poema dramático, Las cosas persas, Premio de Teatro Rojas Zorrilla 1997. En él, los personajes del rey Lear y su hija Cordelia se entregan a una lucha cruenta donde las palabras y los afectos se usan como armas. El poder, la ambición, el amor, la ambigüedad, las relaciones familiares, la sexualidad y los deseos forman parte de un territorio de pasiones incestuosas entre dos seres que utilizan el lenguaje como barrera tras la que esconderse y no decir justo aquello que más les duele.
REGRESO A LOS CLÁSICOS
Reseña en ABC, 10 de mayo de 2009:
Los clásicos, esos viejos modelos dignos de imitación, alimentan las raíces del mundo en que vivimos, aunque no siempre sepamos percibirlo ni mirarnos en el espejo de sus enseñanzas, tantas veces terribles. En la obra de Pedro Víllora (La Roda de Albacete, 1968), esas pulsiones antiguas, profundas, esenciales, que vienen de los clásicos, alientan bajo el manto de palabras con que el autor une en el mismo envite tradición y contemporaneidad, algo que es perceptible en las dos piezas agrupadas en un volumen que ahora publica Fundamentos, Electra en Oma y Las cosas persas.
La primera, galardonada con el I Premio Beckett de Teatro en 2005, revisita la torturada historia de los Átridas y se centra en un personaje que vibra encendido de amor y odio en las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, que fascinó a Hugo von Hofmannsthal y en ese mismo viaje se instaló en una ópera de Richard Strauss, que Eugene O'Neill vistió de luto... Y que Víllora traslada a Oma, el bosque tercamente iluminado por Agustín Ibarrola y torpemente agredido por unos bárbaros cuyo único argumento es el hachazo; un territorio que es a la vez mítico y simbólico, el espacio donde habita una memoria no mancillada y del que Egisto, constructor del nuevo orden, quiere hacer desaparecer todo recuerdo de Agamenón: el asesino manipula la historia para legitimarse en el poder. Éste y otros ecos que hablan de miedo y de sufrimiento trasladan a la horma de la tragedia clásica la mueca podrida del terrorismo, un proceso de reelaboración del mito del que ha desaparecido el inapelable designio de los dioses arcaicos, pero está amarrado al no menos viejo timón de las pasiones humanas.
Las cosas persas, que recibió en 1997 el Premio Rojas Zorrilla, es un poema dramático que enfrenta las voces del rey Lear y Cordelia, la más amada de sus hijas. En esta visita al universo shakesperiano, ambos personajes tienen la misma edad y son preferiblemente ancianos, o no, según las acotaciones del autor. Hace nueve años que no se ven y en su encuentro cíclico padre e hija esgrimen sus afectos como armas afiliadas en un combate en el que el amor tiene el mismo rango que la ambición, y la pasión incestuosa se agazapa en el envés de las palabras. Un brillante trabajo de estructura y lenguaje dramáticos.
JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN