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Electra en Oma. Fundación Valparaíso, Mojácar, 2006. Prólogo de Santiago Martín Bermúdez.
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Hubo un tiempo en que el nacionalismo tuvo el canto y el apoyo del poeta. Hoy, como demuestra Electra en Oma, se ha quedado sin canto y sin apoyo. Se ha quedado con el aparato corrompido y corruptor. Tal vez le baste con eso, tal vez era eso lo que siempre buscó. El caso es que no se puede tener el canto al mismo tiempo que la mentira. Antes o después, el poeta se da cuenta de su error y, lamentando que una vez más se haya hecho uso espurio de su blancura, retira el apoyo a los recolectores de nueces. Víllora pertenece ya a esa generación a la que no le hace demasiada mella renunciar a la mentira del nacionalismo, sabe que eso no es progreso, que eso no es libertad, sino mordaza. Esa mordaza que el corifeo acaba reconociendo: "He sido tan cobarde como cualquier otro al aceptar ciertas cosas sin rebelarme". Esa causa es la causa de lo pequeño y lo vil: "Eres pequeño, Egisto -le espeta Electra al flamante tirano-, y por eso intentas que Argos sea tan pequeña como tú". "Lloran la suerte de Argos -dice Demódoco de las gentes del Coro-, sometida a un poder excluyente que nada quiere saber de los que no le son fieles ciegamente".
¿Le sorprenderá a alguien que Víllora le dedique esta obra a las víctimas?
Santiago MARTÍN BERMÚDEZ