Estos textos no son evidencias grandes y sencillas, sino más bien estructuras en cierto modo impenetrables. En ellos nadie está desvelado del todo, nadie está del todo desprotegido. Son textos en donde las palabras resultan siempre de una gran precisión, y al mismo tiempo discretamente invulnerables. Todo en ellos está velado y protegido por la perversión que ilumina las palabras. Está tan medida la ambigüedad de estas obras, y hay en ellas tanta destrucción equilibrada, que el lector encontrará verdad y placer recordando que -al igual que él- quien lo escribió tuvo memoria de la inocencia...

 

Memoria de la inocencia, memoria de su pérdida. Su sonido. Sus cosas. Quizá el murmullo de esa inocencia trastornada, esa fantasía que persevera, forme la red invisible que sostiene y envuelve Amado mío, Las cosas persas e incluso El eclipse de un dios. En todo el teatro de Pedro Manuel Víllora no sólo hay un murmullo que parece venir desde algún accidente remoto, hay también un secreto que se ramifia entre los personajes y los convoca.

José Luis MIRANDA